Norah Jones hipnotiza

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Enseñar un disco supone un ejercicio considerable de exhibicionismo. Sale a la la luz el resultado, perfectamente envuelto y presentable, pero también se adivinan las costuras de las canciones, su making of, el momento en que saltaron de las musas al papel, del lápiz al estudio. Los porqués.
Norah alargó las madrugadas en su cocina de Nueva York, componiendo al piano junto a una copa de vino. Hay un mini concierto en youtube con el que hacerse una idea. Su último disco, ‘Day Breaks’ (Blue Note), subraya sus dotes innatas para el jazz vocal, al que regresa como nunca desde sus inicios. Pero, sobre todo, remarca la profundidad de esa dualidad casi genética entre sus cuerdas vocales y el piano de cola, mucho más presente. Nueve temas propios acompañan versiones de Horace Silver, Neil Young o Duke Ellington.

Desde su arrollador estreno en 2002 con “Come Away With Me” (8 de sus 9 Premios Grammy), tras más de 50 millones de discos vendidos, aún no sabemos qué concluir. Es jazz lo que hace -y nos hace- Norah Jones? Por qué se rodea de piano y contrabajo pero, justo después, se cuelga la eléctrica y suena a rock o pop ambiental? Ante la disyuntiva quizá tenga sentido aquella máxima de Art Blakey, el legendario batería que lideró a los Jazz Messengers, una facultad para los nuevos talentos (desde Lee Morgan a Wynton Marsalis), durante varias generaciones. “El jazz quita el polvo a la vida cotidiana”. Como Norah Jones, no hay duda. Más claro si cabe tras volver al piano como centro de composición, del que se había alejado ligeramente para armar las canciones de sus últimos discos desde la guitarra, por regla general.

El viernes declinaba en Madrid con hostilidad. El centro, congestionado, el ruido y la luz excesiva de los comercios, la M-40 trepidando a punto de reventar, como una arteria esclerótica. Colas en el ambigú para la próxima cerveza. La ansiedad ganaba la batalla hasta que la neoyorquina apareció en el escenario. A la hora y media se había marchado y su voz no nos abandonó. De vuelta a la ciudad indomable, de regreso a la penitencia de cada uno, aún pervivía el efecto narcotizante de sus canciones, el mejor ansiolítico. Sin necesidad de que se explayara ni en los intermedios ni en las introducciones (varios ‘muchas gracias’ y apenas una espera antes de los bises).

Comenzó con la canción homónima, versionando con terciopelo a Neil Young, y finalizó la parte central con el primer sencillo,  ‘Carry On’, otro ejemplo de su poder hipnótico, de su capacidad para sublimar la belleza.
Acompañada de la misma banda versátil que en la gira de su anterior disco (Little Broken Hearts, 2012, el que más la alejó de su patrón previsto), Norah Jones dio muestras de que poco importa el embalaje de las canciones mientras ella cante. Con diferentes estilos a lo largo del recital repasó todos sus discos: blues (Sinkin’ soon o Tragedy), pop (Chasing Pirates), country (Creepin’ in) o rock and roll (Don’t know what it means, de su banda paralela, exclusivamente de mujeres, Pussy N Boots). Y jazz ( I’ve got to see you again, There was you o la aclamada Don’t know why). A la eléctrica, satisfizo al público en general (Come Away with me, en un medio tiempo coral) y a sus raíces texanas, estado donde estudió música, con esa hermosa versión del Long Way Home de Tom Waits. Música y una voz siempre certera, afinada de inicio a fin. Una conjunción sublime se pueda explicar o no, como se sabe que son perfectos aquellos versos de Miguel Hernández, se puedan explicar o no: “Florecerán los besos / sobre las almohadas”.

El concierto de Madrid -el único de Norah Jones en España- finalizó como discurrió, con la piel como diana. Último formato, puramente acústico, con un micrófono omnidireccional que acogía a la voz y a la banda. Cerró la noche con un adiós candoroso: Sunrise, Creepin’ in y How many times. Todos volvimos calientes a casa. Al cierre de esta edición, la hipnosis perdura.

Lady Lamb, una intimidad poderosa

lady-lamb@javier_fraiz

Aly subraya en Twitter que se ha sentido como una princesa. Es un momento esporádico de dulzura, como en algunas de sus canciones, que empiezan tenues hasta que estallan y se ponen rudas. Lleva los pantalones rotos -bromea- por una gira de 2 meses por Europa. Hoy, domingo, el último día, está sola. Ella y su Fender eléctrica. Bueno, y setenta personas que llenan el salón exiguo, siempre hospitalario, del Torgal de Ourense y se arroban con su voz, que juega a las emociones: te mece con un estilo discursivo y de repente brama y te agita.

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El trío en uno de Abe Rábade

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@javier_fraiz

Hasta que un grupo se acopla es necesario tocar mucho, viajar mucho, convivir mucho. Como tres hombres compartiendo una gira por Mexico e incluso el olor de pies, según contó Abe Rábade (Santiago de Compostela, 1977) en una entrevista. Persiguiendo la armonía con una meta como la que Miles Davis expresó a su elenco en la grabación de Kind of Blue, sin partituras, con anotaciones a lo sumo en reversos de sobres: “Haced esto como si flotara”. El pianista gallego empezó la semana tocando en Nueva York y la cerró este sábado en casa, exponiendo en el Festival Más Que Jazz de A Coruña el rico patrón de estilos de su formato a tres.

Veinte años lleva Rábade tocando en trío; 12 y 8, respectivamente, junto a sus músicos simbióticos: Bruno Pedroso a la batería y Pablo Martín Caminero, en el contrabajo. La formación es música, física y química. Los matices suenan luminosos, cada compás es expresivo, el oído viaja en un carrusel de crescendos y cambios de volúmenes.

[ Seguir leyendo en la web de 1906 ]

Jorge Pardo, brisa y mestizaje

@javier_fraiz // 18 de mayo de 2016

Con Jorge Pardo (Madrid, 1956) las canciones se levantan, agitan el pelo y bullen entre las mesas. Aunque se trate de una versión de Cole Porter. Es como si la flauta travesera hiciera soplar el cierzo. Es tan asiduo al Café Latino de Ourense que en esta ocasión, en el XX Festival de Jazz de Primavera, ha disimulado. “Voy a decir que es mi segunda vez, por si acaso no me contratan de nuevo“. Terminará la noche con El Faro, de su disco Huellas, paradigma de esa pauta mestiza que intercala pentagramas y pone al jazz frente al espejo del flamenco.

El madrileño hizo en la ciudad de As Burgas el mismo trecho que recorrió en su día. Aprendiz de conservatorio como fue, primero impartió una clase magistral en la escuela municipal ante los nuevos músicos que aspiran a desentrañar las canciones más allá del solfeo. Se cambió la ropa, probó niveles de sonido y regresó, ya en horario noctámbulo, con un balón de gin tonic al escenario. [Seguir leyendo en FARO DE VIGO]

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Discos de 2015 para toda la vida

Una lista a vuelapluma. Sumémonos al fervor que inunda las redes. Cinco discos de 2015 para toda la vida. Las únicas cosas importantes son las que se recuerdan, dijo Jean Renoir. Escuchen y verán.

Brad Mehldau: “10 Years Solo Live” / Música deconstruida. Cada melodía a dos manos. Ocho cedés que recogen 10 años de directos. Mehldau replantea standards (como el I’m old fashioned de John Coltrane) y clásicos de la música popular (el Hey You de Pink Floyd, el Smells like teen spirit de Nirvana)

 

José James: “Yesterday I Had the blues. The music of Billie Holiday” / El siglo XXI alumbra a una estrella del jazz vocal. El intérprete para las generaciones que aman el hip hop. El álbum del prestigioso sello Blue Note reverencia a la dama en el centenario de su nacimiento. Strange Fruit, un himno contra la segregación racial en Estados Unidos, aún estremece ocho décadas más tarde: “Aquí está la fruta para que la arranquen los cuervos. / Para que la lluvia la tome, para que el viento la aspire, para que el sol la pudra, para que los árboles lo dejen caer./ Es una extraña y amarga cosecha”

 

Wilco: “Star Wars” / Ritmos exaltados, guitarras en éxtasis. El álbum más irreconocible de Wilco. La euforia de una sesión en The Loft. Riffs y estribillos salpicados contra la pared. Una sorpresa llegada al mundo en descarga gratuita. Tan anodino como apabullante.

Ryan Adams“1989” / La marca de un genio caótico e inconformista. El mismo talento capaz de editar tres álbumes extraordinarios en un mismo año (Cold Roses, Jacksonville City Nights y 29, todos en 2005) desnuda a la novia de América, Taylor Swift, adaptando sus canciones más recientes.

 

Lady Lamb: “After” / Una intimidad explosiva. Veinticinco años de energía torrencial. Cómo emocionar y lacerar, según coincida, aprovechando esa textura de contralto, una voz reservada al 2% de las mujeres. Ten para buscar respuestas personales en la infancia de su madre. Billion of Eyes o cómo hacer un temazo. En el Café Torgal de Ourense, abriendo el American Autumnlloró de emoción; yo, a punto