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Quique González, siempre dando vueltas

“Vamos a tocar una para todo el público” y el Colón se mecía en los punteos cadenciosos de Salitre. Dos horas y cuarto antes, Quique González devengó el calor que el público ya no le discute para alfombrar la entrada de Fabián al tendido lúgubre de las primeras veces. El telonero es otra voz solitaria de bellas canciones que, como Quique, sostiene la vista a las primeras filas de butacas con indisimulada timidez. El leonés estará en deuda perenne remedando la gratitud que González guardó para siempre con Enrique Urquijo, aquel artista inconforme desahuciado por sí mismo, aquel tótem que lo introdujo a empellones en la escena de Madrid.

El viernes, unas mil personas aclamaban a Quique con su casi-trío-de-jazz en la quinta visita del madrileño a A Coruña, uno entre tantos territorios con el poder moral de arrogarse el paisaje de La Ciudad del Viento. El camino no ha sido fácil, nada más lejos, de igual modo que el consenso del público tampoco era unánime en su lejano concierto en el Playa Club, en 2005, que constató claramente un cambio de rumbo con “La Noche Americana”, noqueando a otros púgiles, derrotando rivales. Quique perdió la bisoñez dando fe ciega de que en la música también los mercados son lobos feroces, acreditando su canto contra el sistema -plantó a Universal en un comunicado que citaba a García Montero-, peleando a la contra con versos, prestancia y honestidad. Fascinado por la música estadounidense, desde Parsons a Lucinda Williams, desde Wilco a Ron Sexsmith, ha resistido todos los embates  pasando la prueba del nueve con un recopilatorio en directo, álbumes íntimos, discos exhuberantes como Avería y Redención Número 7, y trabajos de orfebre como el más reciente, Daiquiri Blues (Last Tour International, 2009), construido a base de ahorros en pleno epicentro de la música de raíz, Nashville (Tennesse), con la compañía de ejecutores estelares como Al Perkins (Exile on Main St.), Ken Cooner (exWilco) o el productor Brad Jones.

Tras ochos discos, Quique González acumula un catálogo de canciones sencillamente bonitas, con lo difícil que es. No es un cantante varado en los temas de autor, no es un cronista social, no salva patrias. Relata historias sencillas y traumas de amplio espectro, penumbras y luces inteligibles por todos, frustraciones y derrotas con las maneras de un poeta que baja a la calle. Pronto cierra con su gira Desbandados una ruta sin enchufes por toda España. En A Coruña descendió a la superficie de las canciones, acarició al público con letras propicias para una tarde de invierno. Quique ha construido la gira en torno al poder conductor de Jacob Reguilón al contrabajo, y otras veces al piano y la guitarra, un ancla en tonos bajos para mecer hasta la emoción relatos de signo más o menos amargo como Bajo la lluvia, Avión en tierra, Los Desperfectos. Karlos Arancegui, un tipo con muchos recursos, apuntala la sección rítmica apoyando la desnudez de las canciones como ya había hecho con Quique en la grabación de maquetas de Avería y Redención. Un corte emblemático del disco, La vida te lleva por caminos raros, representa a la perfección el bagaje de estilos de Quique en una road song concebida por otro, Diego Vasallo.

Quique es ya un artista con fondo de armario para salas y teatros, para ritmos frenéticos y ambientes callados. Temas que no salen al fragor de los conciertos como Nunca escaparán, nuevos himnos recientemente aclamados por su público como La luna debajo del brazo o Polvo en el Aire, e incluso versiones de otros como Tan joven y tan viejo de Sabina, hilvanan el fondo de armario que Quique González tiene ante sí. Con alguno o todos esos mimbres, español y americano, seguirá buscando su camino aunque vengan aviesas, seguirá dejando un legado.

Teatro Colón, A Coruña

9 de diciembre, 20,30 horas

25 euros

fotografía móvil de Bruno Rico

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Acerca de @javier_fraiz

Nací en Ourense en 1986. Estudié Periodismo en la Universidad de Santiago de Compostela. Soy redactor en Faro de Vigo. Y melómano, de esos que tararean una canción trascendente, no de quienes las explican. Me gusta el fondo de esa frase de Bukowski: "Encuentra lo que te apasiona y deja que te mate"

2 Respuestas a “Quique González, siempre dando vueltas

  1. Y ahora qué? ya pasó y el disco no llena la habitación igual…
    Habrá que contentarse con esperar a que se vuelvan a cruzar las vías

  2. Pingback: La fidelidad de Quique González | la gramola de un bar

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