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La arqueología musical de Bill Wyman

«En julio de 1961, Mick obtuvo una plaza en la Escuela de Economía de Londres. Un mes después de comenzar las clases se encontró con Keith en la estación de tren de Dartford. Mick llevaba bajo el brazo unos discos de rythm&blues importados de Chicago y Nueva York. Tomaron el tren y hablaron sobre Chuck Berry. Acordaron citarse de nuevo para escuchar los discos de cada uno».

Documentado con la perenne frescura de las anotaciones que registró en su diario, con cientos de fotografías y recortes de la prensa del momento, con la distancia del que fue el stone más comedido, Bill Wyman rememoraba milimétricamente en su libro Rolling with the Stones, editado en España en 2003, el disruptivo punto de partida y el posterior camino trepidante que condujo al parnaso a los Rolling Stones, la banda de rock por antonomasia donde el bajista sirvió durante tres décadas de insumisión, creatividad y cambio (1962-1993), desde la mirada escandalizada por la irreverencia del grupo que enarboló la bandera de la contracultura, a la redención mesiánica de una formación que 50 años más tarde -quién sabe si habrá otra gira- conserva sin explosiones la fórmula inflamable de éxito, mito y misterio.

A la hora y media de concierto, una interpretación enérgica de Honky Tonk Woman transformó la indolencia por momentos en un coro de aplausos y vivas el martes en A Coruña, en un auditorio Palexco semivacío, discutible elección con las localidades encastradas en pasillos largos y estrechos, difícil encaje frente a las formas de un concierto de puro sonido, de reminiscencias sin descanso a la época dorada de los 60 de los sellos Decca, Chess y Motown. Bill Wyman, rodeado de un elenco de músicos de renombre bajo la etiqueta de los Rythm Kings, con electricidad, ritmo y viento, cimentó melodías clásicas embridando con sus cuatro cuerdas de bajo eléctrico canciones bandera de soul, rock and roll y blues. Escudero excluido de algunas grabaciones míticas de la era dorada de los Stones como Beggars Banquet (1968) y Let it Bleed (1969) pero testigo en el estudio del extraordinario Exile on Main Street (1972) y el anterior Sticky Fingers (1971), una obra que perdura más alla de la música, como el propio Wyman, dando nombre a su restaurante de Londres.

Más aristas que la música definen a un personaje polifacético: escritor- ha publicado 7 libros que han vendido dos millones de copias-, fotógrafo y aficionado cazatesoros, hasta el punto de que un detector de metales lleva su nombre. El afán de arqueología y sus fidedignas postales en la banda que blandió el legado de la música negra, redundan en su actual metodología mientras, quién sabe, quizá ansíe aún regresar aunque solo sea por un día a la satánica formación, eterna, inmersa ya en los preparativos de su medio siglo en la cima.

La gira española de Bill Wyman de tres conciertos concluyó el martes en A Coruña con un estilo irrenunciable de temas originales y composiciones que nunca recibirán sepultura. El bajista reposó en las grandes dotes de sus acompañantes de primer nivel, incrustado en la parte central del escenario pero en una segunda línea. Mención aparte para Georgie Fame, un nombre en letras de molde en la historia del rythmn and blues. Habitual en la banda de Van Morrison, el organista se satisfizo con el estribillo de Moondance en el puente de Hit the Road, Jack, en una versión extendida que junto a I Got a Woman mentaron a Ray Charles. También hubo espacio para el vaivén irrefrenable con You never can Tell, de Chuck Berry, la única vez además de Honky Tonk Woman en la que la estrella de cartel se acercó al micrófono para musitar su voz. Negra, desgarrada y candente, la vocalista Madeleine Bell dejó de piedra con interpretaciones sensibles en I just wanna make love to you, de Etta James, o la grandiosa Dancing in the Street, grabada originalmente por Martha & The Vandellas, el desenlace de un repertorio imperecedero, puro y honesto. De leyenda.

“Nunca he tenido problemas para rodearme de buenos músicos”, La Opinión de A Coruña

“La música ya no es mi prioridad”, El Correo

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Acerca de @javier_fraiz

Nací en Ourense en 1986. Estudié Periodismo en la Universidad de Santiago de Compostela. Soy redactor en Faro de Vigo. Y melómano, de esos que tararean una canción trascendente, no de quienes las explican. Me gusta el fondo de esa frase de Bukowski: "Encuentra lo que te apasiona y deja que te mate"

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