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Carlos Núñez, el mundo por descubrir

la fotoUn aura de filósofo y esteta rodea a Carlos Núñez (Vigo, 1971), al que nunca olvidaré cercado por el recogimiento en grado sumo en los prolegómenos de un gran concierto. Abstraído, hundido entre colores blanco y negro, preparando tal vez los viajes febriles de sus dedos por la superficie de las flautas o el punteiro, casi domesticando el aire en exclusiva, conteniendo la fuerza energética que relumbra sobre las cabezas del público cuando toca de esa forma virtuosa. “Como John Coltrane o Jimmy Hendrix”, realzó el periódico The Guardian. Ocurre en fechas señaladas como una forma de dominación de los tiempos, como la liturgia en un instante para desbravar el genio y la furia interior que lo dominan. En 2004, los músicos aficionados que completaban un concierto especial de cumpleaños se hicieron a un lado cuando el artista vigués prorrumpió, casi levitando, en el claroscuro del backstage. Sus instrumentos, flautas, gaita, ocarina, yacían como cuerpos inertes en la mesa de un forense. Él les insuflaba vívidos sonidos a pulmón. El bullicioso tic de espera de público y acompañantes calló al unísono. Treinta mil almas poblaban aquel día el auditorio vigués de Castrelos. La gaita detuvo el tiempo con un tono lacerante hacia la mitad del concierto: un desgarrador “Concierto de Aranjuez” asimilado hasta entonces como música templada sonó a llanto colectivo tras la reciente masacre del 11-M. Etiquetar a un músico innovador, polifacético, multicultural, armado de un genio torrencial, conlleva ser impreciso. Igual que reversiona pura tradición como Pasacorreidoras o la Muiñera de Chantada, ensaya conexiones con el flamenco, ejecuta bandas sonoras con la gaita, recupera el canto de afiador de Alan Lomax que en su momento inspiró a Miles Davis o se encastra con acierto entre pentagramas de música clásica e interpretaciones en directo con una orquesta sinfónica. “Hay que romper, claro que sí, pero amando y respetando lo que han hecho otros”, concebía al respecto Enrique Morente. Y Carlos Núñez se adueña por igual de lírica y ritmos trepidantes, de notas sostenidas y fraseos fugaces, de pureza y fusión.

El jueves, Vigo se entregó otra vez a la partitura inacabable del artista más global de Galicia, una tierra enquistada en el adiós, el éxodo y los agravios pese a las potencialidades que su músico referencial reivindica como un embajador. “El gallego nunca llega a cortar el cordón umbilical. Lo que llevo aprendido es que lo más universal que tenemos es la fuerza de esa Galicia milenaria. Ojalá seamos conscientes de esa riqueza que tenemos y, algún día, de valorizarla”, reflexionaba tras culminar, con un disco majestuoso de encuentros, Alborada do Brasil -The Times calificó el concierto presentación con 5 estrellas-, la investigación obstinada de la historia de su bisabuelo, un emigrante del que no se supo más hasta que Carlos descubrió el eslabón perdido de su doble vida: Maxixe de Ferro, un enigmático hallazgo en forma de canción firmada por un más que sospechoso Jose Maria Nunes en los años cuarenta de la Belle Epoque brasileña. Ourensano, vigués, gallego, cosmopolita, Carlos Núñez vive volcado en una búsqueda constante de nuevos mundos, en la emigración a territorios musicales conectados con el sonido celta, a nuevas formas donde hasta el rap resulta la horma de un poema de Rosalía de Castro. “La música gallega es el resultado de como somos nosotros. Y nuestra historia es clarísima: nos mezclamos. Por eso tiene todas esas vías posibles. En Galicia están estas autopistas, esos ‘fíos máxicos’ como los llamaba Manuel Rivas, que nos unen con Irlanda, Escocia, Portugal, Brasil, incluso con el flamenco. Todos esos mundos somos nosotros”.

“Recuerdo cuando no era más que un chiquillo, un crío imberbe pirrado por todos aquellos grandes músicos. Absorviéndolo todo”, introduce Miles Davis en su autobiografía. A los 12, Carlos Núñez se subió al escenario junto a la Orquesta Sinfónica de Lorient y antes de su despegue en solitario en 1996, ya se había convertido en el séptimo Chieftain. Quince años más tarde, nadie le discute como exponente principal de la música exportada desde Galicia. “Discover” es su último disco, una panorámica construida a base de toda su carrera, sus influencias y colaboraciones -desde Ry Cooder a Carlinhos Brown, desde Vicente Amigo a Compay Segundo-, que lo mantendrá en una gira sin descanso por Reino Unido y Alemania en enero y febrero tras haber recalado ya, con éxito, en Estados Unidos.

Con el aforo repleto de 1.400 butacas, Vigo devoró con entrega las 29 canciones del repertorio antológico de Carlos Núñez en el Auditorio do Mar, un enclave con cuerpo de petrolero y tripas de barco de cruceros, pero escenario pese a todo simbólico, varado a la orilla del puerto y la ría de Vigo. El músico, que salió al escenario entre sonidos ambientales del mundo marinero, tocó cumbres en la interpretación de “A Rianxeira”, el himno oficioso de la ciudad que concitó un acompañamiento brazos en alto como una ola de altamar, el cierre de “Aires de Pontevedra” o la espectacular interpretación del Bolero de Ravel; ejerció de mentor de una plétora de jóvenes gaiteiros gallegos que lo secundaron en temas como el oscarizado Mar Adentro, obra de Alejando Amenábar; y profundizó en su estudio permanente de la música gallega, la que ya se vislumbraba en el grupo Matto Congrio, época de la que permanece “Camiño de Santiago”, otra marca gallega que trasciende fronteras. En ese afán de descubridor, con el respeto y sabiduría de un etnógrafo, Carlos puso en escena seis de las Cantigas de Martin Códax, obras del siglo XIII recuperadas del olvido. Logró armonizarlas en Brasil al abrigo de las voces ilustres de Milton do Nascimento o Chico Buarque y en Vigo cedió la voz a una joven gallega. Fue el resuelto modo de tocar la zanfoña de una niña de 8 años de Narón la colaboración que, no obstante, más cautivó al público durante dos horas de diversidad, puentes tendidos y todos los mundos ya descubiertos y aún por explorar por Carlos Núñez, escudado por su hermano Xurxo y Pancho Álvarez, dos músicos de altura que lo complementan, así como por una violinista irlandesa de 20 años. Cuba, Brasil, Irlanda, Bretaña, Escocia, Japón, Estados Unidos configuran el universo conocido del vigués, un artista planetario nacido del Finisterrae. Pero la exploración de nuevos mundos continúa. La próxima frontera, poner música a la Vuelta ciclista a España.

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“Vigo arropa a Carlos Núñez”, crónica en Faro de Vigo, 28/12/12

“El gaiteiro Carlos Núñez, héroe de nuevo en su propia ciudad”, crónica en Atlántico Diario, 28/12/12

“España ha apostado por exportar solo el flamenco, y es una pena”, entrevista en ABC, 13/11/12

“Carlos Núñez desentraña Brasil”, Faro de Vigo, 26/11/2010

“Lo más universal que tenemos es la Galicia rural”, Faro de Vigo, 26/11/2010

“La gaita de Núñez vuelve a sonar en Estados Unidos 11 años después”, El País, 30/9/2012

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Acerca de @javier_fraiz

Nací en Ourense en 1986. Estudié Periodismo en la Universidad de Santiago de Compostela. Soy redactor en Faro de Vigo. Y melómano, de esos que tararean una canción trascendente, no de quienes las explican. Me gusta el fondo de esa frase de Bukowski: "Encuentra lo que te apasiona y deja que te mate"

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