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Las justas fidelidades de Quique González

Esta es una crónica sin orden, apresurada y con las frases sobrevenidas en dos noches consecutivas de concierto. Sala Capitol, Santiago de Compostela. Laboratorio de las Artes, Valladolid. 22 y 23 de marzo.

228800_10151566905065505_478126390_nAl final sumamos 27 canciones pero pudieron caer 40, 50, 60, 100 y la predilección seguiría in crescendo. No es nada fácil asentir otras carreras, mencionar a otros artistas nacionales que atesoren un repertorio ampliado de la manera talentosa y congruente con que Quique González se ha consolidado hasta arrendar el éxito con estilo. El público huye de la banalidad y ritmos fatuos para refugiarse en sus canciones. El público se congratula mientras canta sus letras de altura y le concede una atención innegable a su último disco, Delantera Mítica. Las expectativas tras cuatro años sin estrenos lo propulsaron a la cima de las ventas -hoy en día, a lo sumo, en vinilo o digitales- en las primeras semanas. Bajo los focos, acumula dos plenos de aforo completo. Fuera el hastío en sus primeras puestas en escena. Se escucharon coros y la gente predecía las canciones adaptadas al directo en las dos primeras fechas de la gira, Santiago de Compostela y Valladolid, viernes y sábado de una primavera lluviosa de un año gris, de nuevo. Salas repletas dominadas por la avidez cultural de la treintena y las prendas denim. Sin billetes ni la mística autocomplacencia de entonces, cuando Quique recalaba con su estuche y con su acústica, mismo aspecto desgarbado, misma timidez que lo reviste de una apariencia afable, en pequeñas salas semivacías en los mejores casos. Para los incomprendidos fans de últimas filas que cantan y rechistan, que cabecean y rechistan, que aplauden y rechistan porque cientos se han subido al carro y las chicas jóvenes paladean cerveza a la luz intermitente de whatsapps, Quique González recetó su medicina: ritmos nostálgicos que sonaron otra vez –Palomas en la Quinta, Salitre-, sonidos añejos –Torres de Manhattan– y la frase suficiente para arreglar una cita a última hora: Y los conserjes de noche, rockera, coreada, bajó las dos noches el telón tras dos horas de concierto para “los que estáis ahí desde el principio”. Idéntico set list, idénticas ejecuciones, la banda fabril ganando automatismos. A decenas de metros del escenario, asentía un seguidor de la vieja escuela metido en la camiseta de Esteban Granero, el 14 a rayas blanquiazules del Queen’s Park Rangers que atravesó a última hora del mercado la puerta insidiosa del Madrid de Mourinho. El canterano que leía a Carver en los viajes en autobús a los estadios desde hoteles glamurosos estaba entremezclado el viernes entre los más de 800 seguidores que abarrotaron la magnífica Sala Capitol de Santiago.

Delantera Mítica, un gran disco trufado de imágenes que se encadenan, historias translúcidas y alusiones a la fuerza y colisiones del amor y la amistad, se dibujó en sesiones caseras con Leiva y César Pop -un músico y amigo entregado como un fan más entre el público vallisoletano- y se armó en un envoltorio preciosista, al igual que el precedente Daiquiri Blues, en el estudio de Brad Jones de la icónica ciudad musical de Nashville, medio este norteamericano. El disco embarga detalles primorosos como la transfronteriza ranchera Dallas Memphis y anota tantos a favor de las causas antisistema –Dónde está el dinero?, Tenía que decírtelo-, porque de la devastación actual ya no se evade ni un asceta .

Quizá los 27 temas se repitieron una y otra noche para empastar con la cola del directo los sonidos de la nueva banda reclutada para la gira, que promete. Quizá para posibilitar la fórmula mágica que mantiene en orden la complejidad de las canciones. Cualquiera las fabrica y las arrumba en un cajón, muy pocos las mantienen imperecederas. El retornado Eduardo Ortega es el arquitecto de la atmósfera clásica y americana que caracteriza el regreso a la gira de Quique González. Violín, guitarras, mandolina remodelan un aire de la banda muy similar a la época de Ajuste de Cuentas (2006) y el anterior trabajo de estudio La Noche Americana (2005), un punto de inflexión. El grupo de Delantera Mítica -el fútbol, el boxeo, el baloncesto, el realismo de amor y desamor, lo bronco y lo onírico, las imágenes inconexas, las historias parceladas conforman una parte sustancial del libro de estilo de Quique González- juega con tres arriba. Tres guitarras en constante desfile de trastes, de la raíz al andamiaje, de la acústica a la electricidad en pentagramas diversos: casi es alta tensión en Hotel Los Ángeles, suena a pop campero en Caminando en Círculos, pulsátil en Kamikazes enamorados o la reciente Parece Mentira gracias a la batería de Edu Olmedo, en la primera, y al bajo, en la segunda, de Alejandro Climent; energía catalizada por los desvaríos de la guitarra de Pepo López en La ciudad del Viento.

Los 21 gramos del peso del alma que obsesionaban a Sean Penn eran los 21 gramos, sobre incluido, que alienaban día a día la labor insoportable de Bukowksi, no solo alcohólico sino el cartero -lo insufrible lo condujo al sufrimiento- obcecado con huir en una ruta infernal, contrarreloj, de estafeta en estafeta. El poeta perdido reapareció en el puente a modo de versos de mano de un Quique González desatado entre los látigos de guitarras y el aluvión de brazos al aire del público en 39 grados.

Adiós a las normas y tratados y a la letra pequeña de las multinacionales a las que dio un portazo. El músico que retrató a los tiburones discográficos -entonces los mercados eran zombis durmientes- con un poema inspirado en García Montero. No importa lo lejos que vayas, no importa que no te despidas, advertía el cantautor madrileño olfateando el micrófono en la mitad del concierto. El público entregado sucumbe sin salvedades en la especialidad del artesano del rock: los medios tiempos. Hasta que todo te encaje, Dallas Memphis, Su día libre, No encuentro a Samuel (un descarte soberbio que por fin salva el corte de un disco) o Delantera Mítica desarman toda resistencia en un perfecto embalaje de acordes acústicos, ambiente de violín, mandolina y slide, acompañamientos con escobillas y la elegancia que reviste el contrabajo. Sobre un sustrato innegociable de rock americano, Quique se desnuda solo una vez en el concierto y, sostenido a su voz se atreve a desmontar a Bob Dylan -hace años fue su telonero en Jaén- . ¿Estás dispuesta a jugártelo todo o será tu amor en vano?, plantea en un todo o nada, como siempre ha hecho.

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Fotografía: Ensayo general. Perfil de Facebook de Quique González

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Rock en estado puro, en el blog Esa canción me suena

“Soy independiente porque me juego mi pasta cuando voy a tocar”, entrevista en JotDown

Cronica en Rolling Stone

Crónica en Manta y Peli

Quique González, siempre dando vueltas, La Gramola de un Bar

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Acerca de @javier_fraiz

Nací en Ourense en 1986. Estudié Periodismo en la Universidad de Santiago de Compostela. Soy redactor en Faro de Vigo. Y melómano, de esos que tararean una canción trascendente, no de quienes las explican. Me gusta el fondo de esa frase de Bukowski: "Encuentra lo que te apasiona y deja que te mate"

8 Respuestas a “Las justas fidelidades de Quique González

  1. Gracias por la referencia. Un saludo 🙂

  2. Xenxo do Campo ⋅

    “Sobre un sustrato innegociable de rock americano”… siempre es un lujo leerlo acompañado de cafeína y nicotina. Esperemos que a mitad de travesía, esta banda desarrolle todo el potencial que dejó entrever, en este fin de semana de rocanrol.

  3. @javier_fraiz ⋅

    Muchas gracias, hay q tener temple para tomarse a bien un abordaje como el que le hiciste con el coche. Veo que la vida os ha cruzado + de una vez. No dejes de verlo y no dejes de contarlo! 🙂

    • Desde que éramos cuatro amigos por las salas hasta hoy … espero verlo en Valencia en dos semanas … Lo del abordaje fue suave … Nada de trompos … y con mucha seridad ;). Gran crónica la tuya, de verdad, me ha encantado

  4. Sacadas las entradas para el 14/6 en Murcia … a ver qué me invento … un Harlem Shake con gafas de Mike? 😛

  5. BBC ⋅

    Quique B my somebody tonight!! B the one who hold me tight cause … …y doble o nadaaaa c ‘est la vie!!!

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