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La eternidad según los Stones

jagger+springsteen.jpgAsumiendo que los festivales son una tremenda orgía de negocio, donde los hombres-cerveza y otros vendedores ambulantes reclaman paso en mitad de un épico estribillo, las entradas cuestan el precio de un hotel cinco estrellas, hay decenas de puestos comerciales con su propio hilo musical, listas, fiestas privadas y demás cotos VIP; e incluso el nombre de marca confunde (Rock in Rio en Lisboa por décima edición), nada mejor que The Rolling Stones para multiplicar la grandilocuencia. Más de 90.000 personas asistieron el jueves al espectáculo de la banda de rock por antonomasia en el segundo de sus 14 destinos de su tour por Europa. El 25 de junio llenarán el Santiago Bernabéu. Los Stones exhiben su lema “On Fire” y suenan poderosos retratando a los augures que, ya hace una década, aventuraban que cada gira sería la última. Tal vez ese sea su golpe de mano, infundir al público una sensación de exclusividad creyéndose testigos de la cita definitiva. Tanto para la generación del streaming como para los coetáneos que saborearon su legado en LP’s, en tiempo real.

Mientras el tic tac resuena, los septuagenarios (tres de los cuatro miembros superan ya ese umbral) siguen en la brecha. Y la banda sonora es una melodía sin época, una sucesión de clásicos de la historia de la música. Una de las últimas maravillas tangibles en un mundo que pierde iconos. Solo cuatro muestras de inicio y final: Jumpin’ Jack Flash y It’s only rock and roll (But I like It) para abrir boca; You can’t always get what you want y (Can’t get no) Satisfaction para un cierre extático. O la tremenda recreación de efectos en “Simpathy for the devil”. Palabras mayores. Su pasado abruma. Porque como resuelve Mick Jagger, resignado a una carrera fracasada en solitario, “nadie quiere escuchar tus nuevas canciones”. La infalibidad es el mecanismo de la formación que nació en 1962 tras un reencuentro de Jagger y Keith Richards en una estación de Londres. Medio siglo y 250 millones de discos vendidos después, la eternidad.

10355478_10152505132333287_474051004682321271_oTodo resultó desaforado en 2 horas de concierto desde que llegó la madrugada: una tremenda explosión de luces, decibelios y empatía durante 19 temas (con presencia destacada de cinco canciones del genial Let It Bleed), la sorpresiva aparición del Boss Bruce Springsteen, cuya hija estudia en Lisboa, para acompañar a las majestades en “Tumbling Dice” (de su obra maestra, Exile on Main Street), y también las esperas. Cuatro horas y media antes del concierto, tres horas después de la apertura de puertas, más de la mitad del aforo estaba repleto. Mientras el reloj se consumía con paciencia. Y el entramado del Rock in Rio hacía negocio.

la foto 1Gaby Clark Jr., un joven bluesman que actuó como telonero y regresaría para colaborar en “Respectable”, un tema de los 70, rasgó su guitarra en el concierto de la antesala y todo el verde estaba inundado por un océano de personas en el parque de Bela Vista de Lisboa. El expresidente de EE UU Bill Clinton lo veía desde un palco después de una conferencia con universitarios en la capital portuguesa. Hasta que el último avión del día en el aeropuerto cercano de A Portela dobló el horizonte a punto de la lluvia (que no llegó), bramando a vuelo rasante sobre el aforo multitudinario, los Rolling, los Stones, Las Satánicas Majestades, los tíos de la lengua, no encendieron engranajes.
10333431_452366908233364_3684595317886740628_oNada detiene a la duradera formación salvo, a lo sumo, un accidente en un cocotero. El perjudicado en 2006, Keith Richards, se declaraba encantado de estar en Lisboa, “o de estar en cualquier lugar”. Las dos canciones desnudas del setlist corrieron a su cargo. Guitarra y voz en You got the silver y Can’t be seen. Los años se han ensañado con su pelo rebelde, blanco como la nieve, y la voz no alcanzó en algunos pasajes del segundo tema, pero ni el tiempo ni los avatares le han despojado de su dominio magistral de la guitarra. Solo Wild Horses, una de las mejores baladas de todos los tiempos, superó la emotividad del momento.
1980303_10152496003098287_5736967243014345692_oMick Jagger no dio argumento si alguien buscaba signos de depresión tras el suicidio de su novia. Se mofó de los zapatos de Ron Wood, que esta semana ha cumplido 67 años, se mostró como el showman que acompaña su mito y, en momentos puntuales, alcanzó lo sublime como en la interpretación de Gimme Shelter, abrazando las escalas de una de los vocalistas que secundan a los cuatro protagonistas. Porque en el apabullante resultado intervienen otros grandes músicos de segunda línea y altas prestaciones. El sir inglés, que cambia de ropa como una presentadora de televisión en año nuevo, fue un torbellino de gestos, contoneos y trayectos interminables en la plataforma de un escenario que evocaba al arquitecto Frank Gehry. Exaltó al público de mayoría portuguesa concediendo una derrota de Inglaterra contra Portugal en una hipotética final de la Copa del Mundo. Para los españoles, su comunicación fue más inteligible por una mezcla de castellano con vocabulario luso y una dicción británica que abría todas las vocales.

10390188_10152497891163287_7750277418365837148_nTodos cumplieron las expectativas de su estereotipo, Charlie Watts también. Aparentemente impasible y funcionarial, el batería con una carrera en solitario en el jazz, de consulta obligatoria, solventa cada compás con una facilidad pasmosa. La banda británica hizo, además, un guiño al pasado. El exguitarrista Mick Taylor se subió al escenario en Midnight Rambler y en el frenesí generalizado de Satisfaction, el himno que puso el broche final. Después de tantos momentos cumbre , la masa se dispersó con una salva de fuegos artificiales, los últimos destellos de una gran noche. Tras otro pulso ganado al tiempo, el Bernabéu y Madrid ya esperan. Es solo rock and roll, pero nos encanta.

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Acerca de @javier_fraiz

Nací en Ourense en 1986. Estudié Periodismo en la Universidad de Santiago de Compostela. Soy redactor en Faro de Vigo. Y melómano, de esos que tararean una canción trascendente, no de quienes las explican. Me gusta el fondo de esa frase de Bukowski: "Encuentra lo que te apasiona y deja que te mate"

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