Lady Lamb, una intimidad poderosa

lady-lamb@javier_fraiz

Aly subraya en Twitter que se ha sentido como una princesa. Es un momento esporádico de dulzura, como en algunas de sus canciones, que empiezan tenues hasta que estallan y se ponen rudas. Lleva los pantalones rotos -bromea- por una gira de 2 meses por Europa. Hoy, domingo, el último día, está sola. Ella y su Fender eléctrica. Bueno, y setenta personas que llenan el salón exiguo, siempre hospitalario, del Torgal de Ourense y se arroban con su voz, que juega a las emociones: te mece con un estilo discursivo y de repente brama y te agita.

[ Seguir leyendo en la web de SON Estrella Galicia ]

El poeta grave

20140223-171604.jpg

Gracias, cerveza, gracias, cerveza. No existe otra fórmula asequible. Suena The Sing, uno de los temas del último largo de Bill Callahan, Dream River, donde mandan y gobiernan las metáforas. Y significan tanto las palabras como los silencios. Y la poesía trepa como una enredadera por el expresivo envoltorio de su voz grave y el crescendo de volumen de la banda pretoriana: la eléctrica y pedales de su contrapunto Matt Kinsey, bajo y batería bipolar: de la caja a la escobilla.
El gigante antes conocido como Smog (encontrará la forma de extrańar el amor frívolo en Dress Sexy at My Funeral) no consiente que una arruga haga una marca aviesa en su camisa americana. Tiene el pelo rubio cobrizo y la naturaleza, que domina las portadas de Apocalypse (2011), la obra maestra Sometimes I Wish I Were An Eagle (2009), o de su último trabajo (el quinto que firma con nombre propio en una amplia trayectoria de casi una veintena) es su musa, el paisaje recurrente.
Comparece sin liturgia en el micrófono y fondea el ancla, las cuerdas vocales, en un escenario de luz timorata. Unas quince canciones y nada más. Varios “thank you for coming” , lo máximo a lo sumo, que no rompen la monotonía oscura. Y sin embargo el resultado es excitante, magma en ignición en una noche desabrida de Valladolid. Vuelan los mensajes trascendentes y las imágenes en Callahan, que se balancea en una atmósfera inquietante y sombría, y un riff rompe los esquemas o una coda ruidosa alivia el canto angustiante o un concepto jazz (hay mucha influencia de Astral Weeks) bombea toda la energía. La enredadera tupe el teatro en la preciosa muestra evolutiva de Too Many Birds, así va desentrańando lo que tiene que decirte:

If…
If you…
If you could…
If you could only…
If you could only stop…
If you could only stop your…
If you could only stop your heart…
If you could only stop your heart beat…
If you could only stop your heart beat for…
If you could only stop your heart beat for one heart…
If you could only stop your heart beat for one heart beat.

Atrapado te despistan sus muecas hieráticas cuando abre las esclusas, te deleita con la física-química de su sonido, deduces que hay mucha esencia, pasajes coriáceos y arreglos predichos con ciencia matemática. Casi te has repuesto de la apertura excesiva, exagerada, de la telonera Circuit des Yeux, atronado por el altavoz en primera fila. Explosiones puntuales del elenco de artistas rodean el impulso del barítono, que si acaso da dos pasos y acomoda la Fender sin dejar de exhalar versos.
No es indie, no es folk, ya no sirve el lo-fi; es un universo informe, oscilante, atropellado; es esa música que palpita como un martillazo en el dedo. El tempo es pertinaz y esquizoide en America!, una obsesión cerval llevada al pentragrama. En Ride my arrow, mientras la ceja derecha escala por un tobogán de grave a grave, el poeta cuenta, invadido por el debate interior que define Dream River (grabado en Austin, Texas) si la vida es un viaje que recorrer o una historia por moldear. Verbaliza en Spring la capacidad de ejercer un “poder que desplaza las cosas de forma neurótica”. Antes de las 2 horas, que es en todo caso insuficiente para llegar a cualquier lugar en Estados Unidos, la revelación de su viaje interior termina. Se acaba el concierto con la misma determinación que el “Fin” en sampler visual en la pantalla del Teatro Cervantes, que es un cine. Callahan, con fama de persona imposible y hurańa, ignora los bises. “Siempre me equivoco en el mismo lugar”, relata en la hoja de bitácora Small Plane. Y entonces, aunque el trance perdura, se acaba la poesía.

La imagen es de Wikimedia Commons